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No es así
Fecha de edición: 02 abr 2007 21:50:27
Hoy, vemos como un movimiento que en un principio no tenía nada que ver con la fauna de los colectivos ultrarradicales y sectario del gueto anarquista y supuestamente autónomo (¿de qué tradición, si se puede saber?), es invadido por aquellos que no pueden soportar, como si se tratara de un complejo de castración, que otros hagan política y la hagan mejor y con mayor capacidad de contaminar a otros sectores de población. Junto con la policía, no se deja al movimiento respirar; y junto con la extrema izquierda madrileña, no se le deja tiempo para pensar y conocerse, sino que se le convoca a una doble opción igualmente desarticuladora: pasar por la horcas caudinas de la burocratización de las coordinadoras y asambleas de toda la vida, medio ambiente del militante medio, o abrazar las promesas de fuego y caos de la literatura anarco-situ o anarco-insu, materializadas en bochornosos ridículos, pero que son bastante para a) desmoralizar y disuadir el crecimiento del movimiento por la vivienda digna y b) criminalizar y perjudicar al movimiento creando una ristra de detenidos que conducen al movimiento al impasse, entre juicios, lucha antirrepresiva, etc.
No es un análisis sesgado, es un análisis duro. En el mundo anarco-insu, anarco-situ, o pseudo autónomo, son pocos o ninguno los que disocian la realidad de su fantasma de frustración, los que, sin perder la coherencia de su ansia de transformación, dan el paso de dejar a un lado fantasmas y frustraciones personales para ver qué se puede hacer en el camino de una subversión practicable y no de una tragi-comedia teenager con muchos maderos y reformistas haciendo de extras.
Estoy convencido de que el primer motivo de animadversión hacia el movimiento por la vivienda digna, que ha llevado a algunos a pretender dividirlo sectariamente bajo la bandera profanada de la autonomía (como si el movimiento no fuera ya autónomo o anticapitalista) ha sido el miedo de que ese movimiento demuestre, andando, que la realidad es transformable con dos dedos de frente, una actitud laica hacia la política, y un desdén hacia los cajones de sastre de la farmacopea revolucionaria virtual, y parásita, pues no crea nada, se sube a la chepa de lo que surge, y lo debilita hasta que el hastío lo manda todo a la mierda, y vuelta a empezar. Entre tanto, una posible nueva generación política en Madrid vuelve a quedarse en el baúl de los buenos deseos, mientras que bares y chalets de periferia siguen atestados de ex revols con entradas y bastantes menos neuronas, cerriles hasta en el recuerdo que cómo los reformistas o los tales o cuales impidieron la insurrección en Madrid.
Cultura del enfrentamiento, hace falta. Dejémoslo en cultura a secas. En honestidad, en ganas de aprender y en respeto de la diferencia y de los que saben y hacen. Ya sería un punto.
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