lamada de apoyo a René Riesel desde la Association contre l’obscurantisme scientiste et le despotisme industriel de Paris.
"En el mundo del monopolio industrial y mercantil de las ciencias, las artes y los oficios, nadie es científico inocentemente. Por encima de una elemental solidaridad, el proceso de Montpellier puede ser la ocasión que se presenta para defender las mejores razones del sabotaje de las quimeras de Estado, las que van a tratar de oscurecer las previsibles tiradas sobre la "investigación pública" y su "control ciudadano".
En nombre de la razón
Encyclopédie des Nuisances
http://www.sindominio.net/ecotopia/textos/nombreraz.htmlSi el postrer recurso jurídico previsible no se resuelve favorablemente --la no revocación de la condicional de Nérac-- el fallo dado por el Tribunal Supremo, tal como se esperaba, condenará definitivamente a José Bové y René Riesel a penas de catorce meses de prisión firme, al pago de 7622 euros de multa y de 12103 euros en concepto de daños e intereses y pago de costas, según los artículos del Código Penal 475-1 y 618-1 y el artículo 1018A del Código General de Impuestos, por haber organizado el 5 de junio de 1999 la destrucción de cultivos experimentales de arroz transgénico en un centro de investigación agronómica estatal, el CIRAD de Montpellier.
Como igualmente era de esperar, la Conféderation paysanne y sus aliados ciudadanistas por toda reacción se han limitado finalmente a apelar a indulto presidencial, al Tribunal Europeo de Justicia, a la solidaridad de la moribunda izquierda y a la compasión de la opinión pública. Podemos comprobar el estado real de las fuerzas disponibles y el resultado de una “estrategia” consistente en desabrir la crítica con la convicción de que así sería asimilable por los progresistas. Al final, del rechazo de las necrotecnologías no queda nada y, apurado el cáliz de la vergüenza, ya se pueden calumniar los sabotajes presentándolos como ejercicio legítimo de las “libertades sindicales.” El hecho ilustra una vez más la ley según la cual los medios de comunicación dan la palabra sobre todo a quienes no tienen nada que decir (y ahora que Bové ha pasado la fecha de caducidad los propios periodistas explican su caída en la trampa mediática).
Acabamos pues de asistir a la disolución ignominiosa de la ruidosa diversión organizada a partir de agosto de 1999 (cuando la desarboladura del Mc Donald’s de Millau). La payasada se ha terminado pero ha cumplido su función. Al ocultar el sentido de la crítica en actos que comenzaba a formularse mediante la destrucción de las quimeras genéticas, la verborrea consumista y las proclamas “antimundialistas” lograron impedir el cuestionamiento de la artificialización universal de la vida, de su dependencia que se pretende irreversible para con el despotismo industrial (es decir, por el capitalismo real, sin afantasmar con la figura simplificadora de la globalización financiera y apátrida).
Tal como lo ha hecho saber a través de la rectificación que Le Monde sólo reprodujo parcialmente en la edición del 24 de noviembre, René Riesel prohibe a quien sea el presentarle tan falto de firmeza como para de mendigar un perdón cualquiera o dejar que otros lo mendiguen por él, ya se trate de la purria ciudadanista o de los moribundos enterradores del pasado movimiento social.
Riesel no está solo, precisamente por no haberse comprometido en ninguna estrategia demagógica basada en reagrupamientos sin principios. A todos sus partidarios nos toca demostrarlo organizando la solidaridad con el sentido de las acciones llevadas y defendidas en sus textos. De entrada podemos manifestar nuestra solidaridad ayudándole a soportar el desembolso al que se verá forzado sea cual sea el resultado del último recurso contra la cárcel (atendiendo a la ley, la multa sin embargo debería abonarse sólo en caso de condena).
París, 26 de noviembre de 2002
Association contre l’obscurantisme scientiste et le despotisme industriel.
Cheques a nombre de la asociación: Boîte 19 - 52, rue Damrémont - 75018 Paris
Demanda de rectificación al diario Le Monde
(20 de noviembre de 2002)
Mi nombre ha sido citado en dos ocasiones a propósito del “proceso a José Bové” en los números correspondientes al 20 y 21 de noviembre. En los dos casos hay afirmaciones inexactas y alegaciones de índole capaz de manchar gravemente mi reputación. Mi abogado no es François Roux. No lo ha sido ni en Agen (pena de ocho meses a cumplir en libertad condicional por sabotaje en una fábrica Novartis) ni en Toulouse (juicio civil condenatorio por sabotaje en una estación de Monsanto) ni en Montpellier (seis meses de prisión firme que anulaba la condicional anterior, por sabotaje en un centro de investigación estatal). Persisto en asumir mis intenciones y mis actos dirigidos contra el totalitarismo industrial y mercantil y el obscurantismo cientista. Prohibo pues que nadie trate de presentarme tan falto de firmeza en mis convicciones como para mendigar ningún tipo de perdón, o dejar que lo mendiguen por mí la purria ciudadanista y los enterradores moribundos del pasado movimiento social. En cambio recurriré con mi asesor Jean-Robert Nguyen-Phung al procedimiento jurídico que me parezca aceptable.
Rectificación tal como fue publicada en Le Monde del 24-25 de diciembre
RENÉ RIESEL. Condenado junto con Bové por destrucción de plantaciones transgénicas, René Riesel, antiguo miembro de la “Confederación Campesina” , nos indica que su abogado no es François Roux sino Jean-Robert Nguyen-Phung. El señor Riesel nos informa de que no tiene intención de “mendigar ningún tipo de perdón”.
Por petición de René Riesel ante el juez, la Confédération paysanne ha sido requerida, con fecha del 21 de noviembre de 2002
A dejar inmediatamente de difundir y de hacer que otros difundan el falso rumor según el cual René Riesel se habría retractado de su opinión anterior y pedíría o aceptaría que alguien lo hiciera en su nombre el perdón que fuera respecto a la pena de catorce meses de prisión firme que acaba de confirmarle el Tribunal Supremo.
Habiendo sido espectacularmente propagada tamaña desinformación por iniciativa de la “Confederación Campesina” y sus aliados, los ciudadanistas y enterradores moribundos del pasado movimiento social, mediante diversas manifestaciones públicas, hueras declaraciones mediáticas, peticiones vergonzosas, grupos de presión, comunicados de prensa --y también mediante maniobras más discretas y menos mediatizables--, por iguales medios toca a la propia “Confederación Campesina” desmentir tales calumnias, dejando de lado todo lo demás. Riesel no quiere escuchar excusas de mal pagador y exige que la “Confederación Campesina” ponga fin al instante, de manera completa y suficiente, al perjuicio que le ocasiona con su proceder. En caso de no hacerlo se verá obligado a apremiarla por vía judicial.
Nota dirigida al Sr. Henri Leclerc de la Ligue des droits de l’homme
(25 de noviembre de 2002)
Es perfectamente normal a fin de cuentas que el residuo de valores legados por la historia a la izquierda lleve a la “Liga de Los Derechos del Hombre” a la defensa de un tal Sr. Bové, ya que de modo manifiesto forma parte de la familia. Bastará con leerme para saber que en mi caso tal operación sería más aventurada. Debería desde luego quedar bien patente que por mi parte no estoy dispuesto a tratar de escapar de la cárcel a cualquier precio. Asimismo debería quedar patente mi interés en no perjudicar el arrepentimiento por delegación del Sr. Bové. Con una única condición, dejando aparte lo que me opone a los defensores del progresismo: la de no verme subrepticiamente implicado en la defensa de no se qué libertades sindicales o en cualquier intento de acicalamiento de las izquierdas felizmente marchitas.
René Riesel