Y está corrompido, porque libertad e igualdad, los dos pilares sobre los que se supone se asienta, son conceptos ya vacíos. La libertad está falseada, y la igualdad ya ni siquiera forma parte de sus aspiraciones constitutivas. El pueblo no gobierna, ni de lejos... Gobiernan las grandes empresas y el sistema financiero: lobbys, holdings y grupos de presión. La gobernabilidad ha sido reemplazada por la gobernanza, y la gobernanza no es sino actividad de gobernar lejos del Estado y cerca de las empresas. José Vidal-Beneyto en su artículo Gobernabilidad y gobernanza- El País 12 de abril 2002 dice lo siguiente:
La operación lanzada por Edward Shils y Lewis Feuer en Estados Unidos y por Raymond Aron en Europa tiene en la Conferencia de Florencia, organizada en septiembre de 1955 por el ya citado Congreso por la Libertad de la Cultura, su gran presentación pública. En ella participan más de 150 intelectuales de todo el mundo y con ella se inicia un debate.(...) Sus dos núcleos capitales son la preeminencia del individuo sobre la comunidad y la complejidad de las sociedades contemporáneas. Ambos llevan a sustituir al político por el experto. Exit la política y reinen la ciencia y la técnica. (...) Se elaboran en think-tanks (círculos académicos, institutos y centros de investigación social y política)cuyas conclusiones apuntan a que predicar una mayor participación de los ciudadanos en la vida política y exigir mayor responsabilidad y protagonismo al Estado, lejos de hacer más gobernables nuestras democracias, agrava sus deficiencias. Y la solución consiste en disminuir la participación ciudadana, en tecnificar la conducción de la sociedad y en confiarla a los actores sociales (empresas, asociaciones, grupos de interés) y a unas pocas instituciones.
Así pues, la democracia está superada y es ya un mal simulacro. La libertad, un señuelo reducido al voto a no se sabe a menudo bien a qué, y otras veces voto a gentes que luego, una vez en el poder, rara vez no se la arrebatan al elector para cedérsela a los instrumentos de gobernanza que los convierte en cobaya de laboratorio reducido a toda clase de reflejos condicionados.
Pero a la fuerza ahorcan. Y el sistema, este sistema, es lo que hay... Sin embargo, dentro de los modelos al uso en los países occidentales aún hay diferencias. O bien gira la política sobre el sistema pluripartidista o bien gravita sobre el sistema bipartidista para mejor seguir disimulando las conclusiones a que aquellos 150 intelectuales pusieron en marcha en 1995 en Florencia, y que tan bien ha sabido interpretar y administrar el círculo de los neocons.
El caso es que, después de todo lo llovido en la pre-política, ésa que empieza por leyes electorales cocinadas por padres de la patria, y luego en la política dinámica, la política activa, el bipartidismo es significativamente perverso salvo para los patricios. Si buscamos motivos de carácter técnico-político al Mal generado por USA y GB (el tercer partido es testimonial) al mundo, bien pudiera encontrarse uno de ellos en el bipartidismo.
Aceptando como universo paralelo el poder político aunque reine más que gobierne, el sistema democrático es por sí mismo excluyente de otras posibilidades de gobernabilidad, como son la dictadura, los totalitarismos, la gerontocracia e incluso la aristocracia; se considera a sí mismo como "el óptimo", esto es, como el mejor de los sistemas posibles. En la práctica es acrítico y sólo admite pulimientos a través de imposibles reformas constitucionales o tentativas que nunca llegarán muy lejos porque el propio sistema se cuida de no permitir que se siegue la hierba bajo los pies de los propietarios "naturales" del Poder en todas sus expresiones. La dominación de los grupos financieros y de las clases dominantes sobre el resto, está asegurada en él con la ayuda de policías y religiones que colaboran al sometimiento general.
Pero si lo dicho es así y si ya de por sí el sistema ha extirpado, por odiosas, otras opciones del pensamiento político, resulta que el bipartidismo aún lo erosiona más a todo él y lo degrada, impidiendo un mayor desarrollo de la responsabilidad y consciencia ciudadana. Cuando no está presente el bipartidismo, la responsabilidad humana de los ciudadanos de la república puede crecer algún centímetro en los aspectos morales. De la misma manera que cuando la moral de un pueblo no es cerrada ni dogmática, puede progresar en posibilidades inexploradas de convivencia y de soluciones sociales de alcance: como poligamia, poliandria fórmulas colectivistas e incluso comunistas...
El asentamiento instituído del bipartidismo lo explican porque -se dice- la estabilidad es preferible a la representatividad. Pero es una excusa. Pues ¿estabilidad de qué? ¿estabilidad para quién? Con estabilidad política o sin ella la gobernabilidad (que hemos dicho ha sido reemplazada por la gobernanza) no se resiente: las obras públicas siguen, las instituciones siguen, las policías siguen, los funcionarios siguen... Aquí, en estos aspavientos sobre la inestabilidad imaginaria estriba una parte de su tramposa justificación. Y es que en el bipartidismo se embosca mucho mejor la conquista permanente del Poder político, bien a las claras bien por la puerta trasera. Los que poseen éste, que también suelen poseer en él el financiero, aseguran mejor a su través el control y detentación de ambos.
Si la estabilidad fuese el bien supremo de la convivencia, es indudable que los sistemas unipartidistas: dictaduras, monarquías absolutas y otros regímenes no democráticos serían mucho más deseables y eficaces, con la ventaja añadida de que favorecen la interacción de la sociedad con la Naturaleza que se ve mucho menos afectada por el abuso de la plutocracia. Si verdaderamente tanto se estima la estabilidad hasta el punto de desplazar a las ventajas de la diversidad, de la riqueza mental y de la espiritual, no hay como recurrir a una dictadura o a un totalitarismo para resolver de un plumazo el asunto.
En Estados Unidos el bipartidismo es un hecho, y de paso la argamasa de la mentalidad típicamente americana en materia política y por ende en todo lo que de la política pueda devenir bienestar y estabilidad material. Las instituciones mafiosas, dedicadas al crimen organizado en forma de guerras sin causa y de apropiaciones literales del poder, dominan mucho más fácilmente en los modelos bipartidistas porque al final los dos únicos partidos existentes confluyen en los mismos intereses básicos. Sería inimaginable que en el imperio alguien se decidiera a fundar un tercer partido político. Sería fulminada la intención en un abrir y cerrar de ojos o liquidado su promotor: por anarquista o por comunista. Todo lo que no sea "republicano" o "democrático" es anatema. Y así fingen creer que se desarrollan mejor, al lado de un Dios en el que nadie cree ya más que para ponerle de pantalla con fines criminales o en todo caso bastardos...
En España hay claros síntomas de que los dos partidos mayoritarios tienden también al bipartidismo. Mientras la península y las islas no se constituyan en Estado federal, frenan esa tendencia por un lado los partidos nacionalistas periféricos y, por otro, la izquierda más radical aunque parece debilitarse lentamente.
Sólo queda decir que el bipartidismo escinde el cerebro en las dos tendencias congénitas del Bien y la del Mal, de la derecha y la izquierda, la que adora al diablo y la que dice adorar a Dios. USA entera es una pieza de convicción a estos efectos. Ocasiona la ablación de una porción indeterminada del mismo, precisamente la que está abocada a la búsqueda de la variedad y la diversidad en todas las materias de interés para el ser humano, incluídas, cómo no, las fórmulas de organización sociopolíticas.
Por el contrario, el bipartidismo puede generar tensiones peligrosas en países proclives a la confrontación abierta permanente. El caso de España, donde hay corta tradición democrática y donde lo dogmático ha imperado hasta ayer. Entonces sí que la inestabilidad es mucho mayor y peor que la que procede de la conjunción de partidos diversos pugnando por el poder político. La tensión inexistente entre los dos partidos únicos en Estados Unidos es fruto de dos hechos no por no visibles menos socialmente reseñables: uno, que el electorado estadounidense ya tiene desde tiempo inmemorial en su cerebro la amputación a que me refería antes de algún lóbulo cerebral, y el otro, derivado de ello, que ambos partidos se fingen como opciones diferentes cuando la realidad es que los dos envoltorios diferentes, partido republicano y partido demócrata, responden a la misma idea central del american way of life por la que luchan en último término políticos y financieros sólo para los sufraguistas acomodados.
La política norteamericana es sólo exterior. La política interior prácticamente es inexistente o, como hemos dicho, entregada al control del poder financiero. En lo que éste no controla, todo lo demás funciona según principios de jungla social sujetos sólo por las bridas de los que conquistaron hace ya casi doscientos años el Poder cuyo testigo, como en las carreras de atletismo por relevos, cada generación va entregando a la siguiente. Lo prueba un detalle significativo: 45 millones de ciudadanos carecen de seguro médico, y el sindicalismo es inoperante o perseguido.
Yo haría en España esta advertencia: ¡Cuidado con el peligro del bipartidismo! Lo que nos faltaba...